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Algo (más) sobre la prensa

Posted by myarto en 12/08/2010

Artículo de Héctor Aguilar Camín. Generalmente no comparto las ideas del escritor y director de Nexos, pero hoy coincido totalmente.

La prensa es un poder que no se atreve a decir su nombre. Un poder plural pero poco democrático. Sólo existe a plenitud en un entorno de libertades públicas y gobiernos incapaces de controlarla, es decir, en el seno de una democracia. Pero, a diferencia de esos gobiernos que no sólo no pueden controlarla, sino que deben garantizar su libertad, gobiernos rodeados de contrapesos y elegidos con plazo fijo para ejercer el poder, la prensa sólo tiene el límite del mercado: la eficacia de sus competidores y la lealtad de su audiencia.
Nadie elige a los dueños de los grandes diarios ni de las grandes cadenas de información del mundo, como se elige a los presidentes, a los alcaldes, a los jueces o a los legisladores. La prensa moderna es una red de negocios privados, con extraordinarias consecuencias públicas, que no están sometidos a otra rendición de cuentas que las de sus ganancias y su influencia.
Lo normal hasta bien entrado el siglo XX era que los grandes diarios del mundo fuesen históricos negocios familiares: propiedad de una misma familia durante generaciones. El último medio siglo ha visto el tsunami de las integraciones corporativas mediante las cuales un tycoon financiero se levanta de pronto con la propiedad de una cadena de medios integrados: diarios, revistas, editoriales, cadenas de radio y televisión. La influencia de esas cadenas las vuelve un tribunal obligatorio donde deben comparecer políticos, gobiernos, jueces y autoridades.
El ágora moderna no es la suma de los espacios sociales comunes, sino de los medios privados que forman la opinión pública. Es ahí donde la sociedad asigna el poder, pues en las tendencias de la opinión pública se cocina el reparto de los votos que unge y desunge gobernantes.
Hemos pasado del antiguo reino de la prensa al ubicuo reino de la videocracia. Gobernantes dueños de medios son la excepción en el mundo de hoy, pero ningún gobernante puede acceder al poder si no pasa por la asamblea de intereses públicos y privados de la videocracia.
Giovanni Sartori ha hecho la crítica radical de la videocracia señalando que sus instrumentos son una amenaza no sólo para la deliberación pública que requieren las sociedades abiertas, sino para las condiciones mismas del pensamiento racional. A la vista del mismo fenómeno, Ralph Darendorf incurrió hace algún tiempo en lo que habrá sido su único sacrilegio antiliberal. Sugirió en un famoso artículo que nadie pudiera ejercer como personaje de la televisión sin sujetarse antes a estrictas pruebas de solvencia intelectual y moral, del mismo modo que nadie puede pararse a enseñar en el aula sin haber cumplido con los estudios y las acreditaciones requeridas para ello.

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