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¿Por qué no?

Posted by myarto en 12/08/2010

Excelente crítica al monopolio televisivo mexicano de Purificación Carpinteyro, ex subsecretaria de Comunicaciones y Tranportes, publicado originalmente en Reforma el 12 de agosto de 2010.

Fue a mediados de 1972, el tercer domingo de junio, cuando se llevó a cabo una reunión en Los Pinos en la que se anticipaba que el entonces presidente de la República, Luis Echeverría Álvarez, anunciaría su decisión de estatizar la televisión ante una audiencia integrada por la élite mexicana de los medios y del “quién era quién” del país. Así lo relata Miguel Sabido en su desaparecido libro El Tono. Andanzas teóricas, aventuras prácticas, el entretenimiento con beneficio social, publicado por la Universidad Nacional Autónoma de México en 2002.
Apoyado o incitado por Mario Moya Palencia, entonces secretario de Gobernación, Porfirio Muñoz Ledo, secretario del Trabajo, y Fausto Zapata, subsecretario de la Presidencia, Echevarría estaba convencido del poder de la televisión sobre las masas y quería ese poder en sus manos, o en las del Estado, que para efectos prácticos, y como en tiempos de Luis XIV, era lo mismo.
La televisión comercial hizo su aparición en México a principios de los cincuenta, debutando con la transmisión del IV Informe de Gobierno del presidente de México, Miguel Alemán Valdés, por el Canal 4 de Rómulo O’Farril. Un año después fue inau- gurado el Canal 2, de Emilio Azcárraga Vidaurreta, que con el Canal 5, de Guillermo González Camarena, conformaron una dupla televisiva exitosa, a la que poco después se unió el Canal 4, con el que integraron Telesistema Mexicano. Telesistema Mexicano, al que más de una década después se sumó el Canal 8, originalmente de Grupo Monterrey, conformaba el sistema de televisión privada mexicana, que alternaba con los canales públicos 7 y 13, y el Canal 11 del Instituto Politécnico Nacional.
Este modelo de televisión híbrido, en el que coexistían canales privados y canales públicos, estuvo cerca de ser alterado en esa reunión de junio del 72, en la que se discutió el modelo de organización de la televisión y se expusieron los riesgos de la estatización o del control privado. Sin embargo, pese a las presiones de los principales asesores de Echevarría, este modelo prevaleció.
Pero los tiempos y los intereses cambian. En agosto de 1993, el gobierno del presidente Carlos Salinas de Gortari privatizó los canales 7 y 13 a favor de TV Azteca, y el Estado retuvo únicamente los canales 11 de VHF del Instituto Politécnico Nacional y 22 de UHF, operando exclusivamente en el Distrito Federal.
Y aunque la realidad siempre distó de la teoría, y la complicidad entre concesionarios y quienes representaban al Estado fue parte intrínseca de los mecanismos de control del “sistema político mexicano”, la privatización de los canales del gobierno cercenó la capacidad de comunicación del Estado con la sociedad.
Si bien la independencia de una televisión oficialista es esencial para la democracia, fue el propio proceso de democratización de finales de los noventa el que eliminó los amarres de los grupos televisivos con un solo grupo político, dejándolos en libertad de aprovechar su capacidad mediática para ponerla al servicio de quien más privilegios esté dispuesto a otorgar.
El resultado no se hizo esperar. A partir de entonces, la clase política, sin distinción, para la que el objetivo principal es hacerse del poder a cualquier costo, cínicamente participa de una arrebatinga para ganarse el favor de las televisoras, sin que les preocupe que entre más prebendas otorguen a estos grupos, más poderosos se vuelven y más se vulnera la independencia del Estado.
Pero la conformación de una cadena de televisión oficial, como la que aparentemente se pretende con la creación del nuevo Organismo Promotor de Medios Audiovisuales -al que se le han otorgado más de una decena de permisos para veladamente operar aprovechándose del Canal 11-, no resolverá el problema. El riesgo de que sea utilizada como una herramienta propagandística del partido en el poder va en detrimento de la democracia.
En todo caso la respuesta reside en la capacidad del Estado de abrir espacio para la entrada de nuevos competidores, cuya aparición diluirá la concentración de poder mediático de los grupos existentes; y hoy ésta es una opción viable y consistente con la aparente disposición del Ejecutivo federal de enfrentarse con los poderosos grupos de medios para crear una cadena nacional de televisión.
Atendiendo a la recomendación de la Comisión Federal de Competencia de “adjudicar a la brevedad el espectro radioeléctrico disponible para TV abierta, mediante mecanismos de licitación orientados a elevar la competencia”; los mexicanos ameritamos una respuesta ¿Por qué no?

Tomado de: http://www.etcetera.com.mx/articulo.php?articulo=4667

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